Rui Díaz, ‘El cuento del espejo’

Contar historias, esa es la pasión de Rui Díaz, un licenciado en Filología Hispánica y profesor de Lengua y Literatura que sigue La Cadena del talento de la mano de Borja González.

Los turistas‘ es su primera novela, publicada en 2013, seguida por la historia corta ‘El aniversario‘ publicada en 2014, dentro de la antología Fantasmas, ambas obras editadas por El Verano del Cohete, editorial que codirigió junto con el mencionado Borja González y Mayte Alvarado. Como músico es líder del grupo Rui Díaz & La Banda Imposible, cuyo primer LP, ‘Los heraldos negros‘, fue publicado en 2016.

Cuando una persona tiene tantos medios para mostrar su talento es interesante conocer sus motivaciones y qué historias nos cuenta en cada uno de los formatos que trabaja, por eso es todo un placer compartir esta entrevista con vosotros.

-Recientemente has obtenido el premio Felipe Trigo, por tu obra ‘El cuento del espejo’ (Felicidades), un libro que parece rebosar actualidad ¿Nos hablas un poco de este relato?


¡Muchas gracias! El cuento del espejo transcurre en una agencia demoscópica, días antes de las elecciones que podrían cambiar el rumbo del país. En ese clima de tensión, un becario escucha por casualidad una conversación que, de hacerse pública, podría cambiar no sólo el resultado electoral, sino todo aquello que creemos conocer sobre las relaciones de poder.  

En ‘El cuento del espejo’  se habla de las trampas y entresijos de la política y el mundo empresarial ¿Qué trampas esconde el libro para el lector? ¿A qué público te gustaría que llegase esta obra?


Las trampas se producen desde la misma narración, cargada de extrañamiento, cinismo y ciertas dosis de humor. Son los lectores los que miran a través del espejo al que hace referencia el título, como espectadores de una función imaginaria, y se topan con un mundo supuestamente del revés, donde cualquier verdad es susceptible de ser mentira y cualquier estrategia es buena para llegar al poder. Un mundo en el que la falta de ética es la principal virtud. La mayor trampa es, tal vez, creer que este mundo ficticio está muy alejado de la realidad. 

Mi objetivo con esta obra sería llegar a todo tipo de público, claro. Tanto a aquellos que sólo busquen una novela de lectura rápida, muy directa, hasta un público más crítico, que entienda la ficción como modeladora de la realidad. Curiosamente en esta obra ocurrió algo así. Es una novela que escribí hace varios años y que ahora, cuando por fin se publica, un año después de fallarse el premio, parece estar más de actualidad que nunca. Como si la realidad imitase a la ficción, aunque ésta no pueda permitirse el lujo de ser inverosímil. 

Las trampas se producen desde la misma narración, cargada de extrañamiento, cinismo y ciertas dosis de humor. Son los lectores los que miran a través del espejo al que hace referencia el título, como espectadores de una función imaginaria, y se topan con un mundo supuestamente del revés, donde cualquier verdad es susceptible de ser mentira y cualquier estrategia es buena para llegar al poder.

Desde tus inicios inicios como escritor, has cuidado mucho al libro físico ilustrado como formato para tus obras. ¿Cómo crees que encajan estas obras en el mercado actual?¿Crees que la tendencia es un lector que cuida cada detalle o un lector que solo consume letras?


Creo que ambos lectores pueden y deben coexistir. Si bien es verdad que parece haber un auge de los libros ilustrados y de editoriales centradas en ellos, no sabría decir si es tendencia, moda o algo que ha venido para quedarse. Supongo que, en cierto sentido, tiene lógica; vivimos en un mundo rápido, directo y basado principalmente en la imagen, por lo que apoyar el texto con éstas es, como digo, lógico. Ahora bien, creo que lo interesante es cuando los dos caminos se unen y construyen un universo propio en el que la imagen no apoya simplemente al texto o viceversa, sino que se convierte en imprescindible para contar una historia que de otro modo sería imposible.
Todo lo que sé sobre el amor al libro físico, al olor de la tinta y el gramaje del papel, lo aprendí de Borja González y de Mayte Alvarado, con quienes compartí los mandos de la editorial El Verano del Cohete. Fueron unos años maravillosos de aprendizaje y, sobre todo, de amor por un trabajo que es mucho más que un trabajo: un poco de locura y mucha pasión. Mi primer libro, que publicamos con la editorial, Los turistas, fue ilustrado por Ana Sender y gracias a su trabajo pude ver cosas en mi novela que ni yo mismo había alcanzado ver.
Hay cada vez más editoriales que cuidan cada detalle de sus obras; no entiendo cómo podría entenderse de otro modo. Eso me lleva a pensar que también deben existir cada vez más lectores que aprecian el mimo vertido en una buena y cuidada edición. En un mundo eminentemente virtual lo físico adquiere un carácter casi sagrado.

Como te decíamos al principio, tienes muchos frentes abiertos, novela, teatros, guiones y tu propio proyecto musical. ¿Encontramos al mismo Rui Diaz en todas estas facetas? ¿Hay alguna en la que te sientas más cómodo?


Siempre he querido ser escritor. Desde que tengo memoria. De pequeño hacía mis propios cómics, con personajes creados por mí o bien con personajes de Marvel o DC. Siempre he sentido la necesidad de contar historias. Y ha sido eso precisamente lo que me ha llevado a experimentar para poder contarlas de formas diferentes. Al final es la misma historia la que me pide ser contado de un modo u otro. El narrador siempre es el mismo, sólo cambian las herramientas. Y, en realidad, no tengo la sensación de que opte por caminos diferentes. Incluso en la música, que podría ser el género más distanciado de los demás, mi manera de escribir es muy similar; de hecho, me cuesta mucho escribir canciones a menos que no tenga una historia más grande para poder conectarlas entre sí, como si cada uno de los temas fuese el capítulo de una obra mayor.

¿Qué banda sonora tendrían tus libros?


 Depende del libro. Los turistas tendría que ser algo que transmitiese frío, como una mezcla entre Sigur Rós y la banda sonora de Mark Korven para la película de The witch. Y la canción Poor Edward, de Tom Waits. El cuento del espejo tendría música de Trent Reznor y de Atticus Ross. Bueno, y también de Tom Waits. Creo que le pondría algo de Tom Waits a todo.

Háblanos un poco de Rui Díaz y la Banda imposible. ¿Con qué canción crees que sería mejor acercarse a vuestra música?


El disco Los heraldos negros es un album conceptual, cuenta una historia de amor y muerte a través de los ojos de su protagonista, Ray. Así que supongo que lo más sencillo sería empezar por el principio, la primera canción del disco, La casa en llamas. Además, la productora Cómicos Crónicos rodó un videoclip de la canción que creo que consiguió reinventar en imágenes todo el concepto del disco.


A fin de cuentas un libro, si está bien escrito, tanto en prosa como en verso, tiene que tener ritmo, tiene que tener musicalidad. En una canción la voz es sólo un instrumento más, que puede ir arropado por muchos otros, incluyendo el silencio.

Rui Díaz y la Banda imposible parece cuidar también la edición de sus trabajos y hasta los títulos de las canciones parecen contar una historia. ¿Se pueden contar historias con la música que no se puedan contar en los libros?


No creo. Es que en realidad no creo que sean lenguajes tan diferentes. A fin de cuentas un libro, si está bien escrito, tanto en prosa como en verso, tiene que tener ritmo, tiene que tener musicalidad. En una canción la voz es sólo un instrumento más, que puede ir arropado por muchos otros, incluyendo el silencio. Supongo que, tal vez, al menos actualmente, la mayor diferencia entre un formato y otro es que la música es más social, comunitaria, y la lectura es más solitaria, así que puede que lo que cambie al contar esas historias sea la manera de recibirlas.

Imaginamos que el nombre de  la Banda imposible tiene algún significado personal ¿Es imposible compaginar tanta actividad?


En realidad es una especie de chiste privado. Mi primer disco lo grabé con un amigo, Paco Casasola (Niño Crudo), un multiinstrumentista de un talento y generosidad enormes. Aunque nos conocemos desde el instituto, cuando empezamos a hablar de grabar el EP, él vivía en Mallorca. Después se fue a vivir a Bristol. Y, de hecho, el disco se terminó allí. Íbamos grabando y enviándonos cosas desde la distancia. Fue después de sacar el EP cuando por fin conseguí reunir a mi propia banda, pero, claro, por temas de distancia, él no podía estar. Así que decidí que La Banda Imposible era una buena manera de homenajearle y tenerle presente de algún modo.
En cuanto a temas de compaginar tanta actividad… sí, definitivamente es difícil, pero, aunque cueste, siempre merece la pena.

Rui, te toca seguir con La Cadena del Talento: ¿A quién podemos entrevistar para seguir con esta cadena?


Sugiero dos nombres: Chloé Bird, cuyo proyecto musical me parece, sin duda, de lo mejor que hay en este país, y Juan Vázquez, guionista, director y actor, que acaba de ganar uno de los premios de teatro de FATEX.

Toni

Comparto el talento de los demás, no sé si por no tener el mío propio, no sé si por considerar que el talento es lo que menos se valora en la sociedad actual.